Michael Phelps, el atleta olímpico con más medallas en la historia de los Juegos Olímpicos, expuso en el Figuring Out podcast su perspectiva sobre la mentalidad ganadora, la disciplina diaria y el aprendizaje que surge de la derrota.
Desde sus primeros recuerdos, definió su carácter de manera clara: “Odio perder más de lo que disfruto ganar”. Para el ex nadador, el éxito representa la acumulación de acciones simples y una actitud rigurosa, construida “diariamente, detalle a detalle”.
Phelps recordó su niñez en Baltimore, marcada por una energía inagotable y serias dificultades para permanecer quieto. “De niño era incapaz de quedarme quieto. Me diagnosticaron trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Mi madre me apuntaba a cualquier deporte para agotar mi energía”, detalló el atleta al conductor del podcast Raj Shamani.
Encontró en la piscina su espacio de libertad: “El agua era mi refugio. Ahí podía transformar rabia en movimiento sin las restricciones del aula”. No obstante, enfrentó el estigma escolar. “Una profesora me dijo que nunca llegaría a ser nada. Recuerdo perfectamente dónde estaba sentado, su nombre y su cara. Esa frase me impulsó a probar que estaba equivocada”, recordó.
A los 11 años, la aparición del entrenador Bob Bowman marcó un antes y un después. Más que un entrenador carismático, fue quien le impuso un método de exigencia constante y una lógica de compromiso absoluto con la natación.
Desde el inicio, fijó un objetivo concreto ante la familia: “Podrías estar en los Juegos Olímpicos en cuatro años, pero debes dedicarte solo a la natación”. La condición no era retórica. El entrenamiento estuvo marcado por reglas estrictas y consecuencias inmediatas. “Me decía: si bajas los pies, te vas fuera del entrenamiento”, recordó Phelps, una dinámica que moldeó hábitos, disciplina y tolerancia a la frustración.
Después de retirarse, orientó su vida hacia la promoción de la salud mental. “El segundo capítulo es aún más grande: aquí está en juego la vida. La natación fue genial, pero ahora intento salvar vidas hablando de salud mental”.
Reveló que durante muchos años ocultó su sufrimiento: “Acumulaba todo hasta explotar. Aprendí que pedir ayuda y asistir a terapia me salvó la vida. Es fundamental reconocer que no siempre estaremos bien”.
También puso en duda la creencia de que mantenerse ocupado protege del malestar: “Ocuparse todo el día no te salva. Puedes estar siempre activo y sentirte igual de mal. Lo importante es tener herramientas y apoyos y no silenciar el dolor”.
Con información de: Infobae
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