Líderes religiosos, sindicalistas, activistas comunitarios, estudiantes y artistas en todo el país son parte de una ola creciente de oposición y resistencia a las políticas y agenda derechista de Donald Trump, cuyas expresiones a lo largo de su primer año como presidente son las protestas populares más grandes en la historia de Estados Unidos.
“Sal y camina contra el fascismo”, clamaron estudiantes de preparatoria que abandonaron sus aulas el martes en la capital de este país para marcar el primer aniversario del presidente, mientras en Minnesota los sindicatos estatales, iglesias, pequeños comerciantes, universitarios y organizaciones comunitarias han llamado a un paro estatal este viernes, y por diversos rumbos del país se multiplican acciones de protesta, desde vigilias a marchas hasta acciones en defensa de inmigrantes.
En Mineápolis, Chicago, Los Ángeles, Charlotte y Nueva Orleans, entre otras, todos los días se escuchan los silbatos –símbolo de resistencia– para alertar de redadas de agentes federales.
“En el año desde que Trump retornó al puesto, el número de protestas en Estados Unidos ya ha superado a las que ocurrieron en el mismo periodo de su primer gobierno”, reporta The Guardian esta semana con base en cálculos de la Universidad de Harvard. “Hubo más de 10 mil 700 protestas en 2025, un incremento de 133 por ciento de las 4 mil 588 registradas en 2017, el primer año de la primera presidencia de Trump”. Los expertos agregan que se ha registrado por lo menos una protesta en casi todos los condados del país, incluyendo cientos que fueron ganados por Trump.
Esas expresiones de resistencia han incluido las marchas nacionales más grandes jamás registradas bajo la consigna de “Reyes no” en el verano pasado, con una participación de entre 5 a 7 millones en un solo día en acciones en miles de pueblos y ciudades, como también en actos simbólicos pequeños pero constantes casi todas las semanas.
Y esa resistencia no se ha limitado a manifestaciones y marchas en las calles y plazas, sino en actos cotidianos. Maestros, junto con padres de familia, se han coordinado para proteger a estudiantes frente a las amenazas de agentes federales; voluntarios se han capacitado con sus vecinos para establecer comités locales de protección de inmigrantes en sus comunidades; proyectos de asistencia mutua entregan alimentos y otras ayudas a vecinos que tiene miedo de salir a las calles.
En las trincheras frente a la ofensiva derechista contra la educación y la cultura, hay gente inesperada como parte de la resistencia: bibliotecarios, curadores de museos, enfermeras, científicos y más enfrentan los intentos de censura de libros, de exhibiciones y narrativas históricas y ataques contra la educación y la salud pública.
Nuevas coaliciones ecuménicas brotan con gente de fe cristiana, musulmana, judía, budista y más nutriendo la resistencia y creando nuevas expresiones de oposición y defensa de la ética –desde nacimientos navideños que condenan la persecución de refugiados como Jesús a vigilias frente a centros de detención, a contingentes en marchas–. Un nuevo Papa estadunidense ha nombrado cardenales defensores de inmigrantes y refugiados a la ciudad de Nueva York y a Palm Beach, donde Trump tiene su club-residencia personal Mar-a-Lago.
Con información de: La Jornada
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