En las dos décadas que trabajó para la Administración de Control de Drog4s de Estados Unidos, Joseph Bongiovanni, asumió frecuentemente los riesgos de ser la primera persona en entrar a una residencia o habitación durante un operativo.

El agente sintió una incertidumbre similar este miércoles mientras esperaba sentencia por usar su placa de la DEA para proteger a algunos de sus amigos de la infancia que se convirtieron en prolíficos traficantes de dr0gas en Buffalo, Nueva York.

“Nunca sabía lo que había del otro lado de esa puerta; hoy siento ese mismo miedo”, declaró Bongiovanni, de 61 años, a un juez federal, mientras golp3aba la mesa de los acusados. “Siempre he sido inocente. Amaba ese trabajo”.

El juez de distrito, Lawrence J. Vilardo, sentenció al exagente a cinco años en una prisión federal por una serie de cargos de c0rrupción. La pena fue mucho menor a los 15 años de cárcel que había solicitado la fiscalía, incluso después de que un jurado absolvió a Bongiovanni de los cargos más graves, entre las mismas una acusación de que se embolsó 250 mil dólares en soborn0s de la mafia.

Vilardo afirmó que la sentencia refleja la complejidad de los veredictos luego de dos prolongados juicios y la naturaleza del trabajo encubierto de Bongiovanni, en el que el agente acumuló suficientes elogios de primera plana como para llenar una vitrina de trofeos.

Bongiovanni una vez ingresó a un edificio en llamas para evacuar a los residentes en medio del humo. Puso tras las rejas a traficantes de drogas, incluido el primero en ser procesado en la región por provocar una sobred0sis fatal.

Con información de: La Jornada

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