Jornadas laborales de seis, 12 y hasta 24 horas, durante las cuales la única oportunidad de sentarse es la hora destinada a consumir alimentos, forman parte de las condiciones que enfrentan trabajadores de distintos sectores en la Ciudad de México, pese a que la llamada ley silla establece el derecho a disponer de asientos para descansar periódicamente durante el horario de trabajo.

Hablar de estas condiciones es un asunto que se comenta en voz baja, pues algunos empleados señalaron que tienen estrictamente prohibido comentar el tema. Recepcionistas, cajeros, guardias de seguridad y personal de mantenimiento de edificios coincidieron en que una vez concluida su hora de descanso deben regresar a sus puestos para permanecer de pie hasta que llegue la hora de salida.

En tanto, la titular de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo (STyFE), Inés González Nicolás, reconoció en entrevista que persiste un amplio desconocimiento entre empleadores y trabajadores sobre la aplicación de la norma, por lo que la dependencia ha capacitado únicamente a 11 empresas y ha recibido una sola denuncia por incumplimiento por una trabajadora de seguridad privada en la alcaldía Cuauhtémoc.

De acuerdo con cifras publicadas en la página web de la dependencia capitalina, entre enero y junio de 2026 se realizaron 543 salidas inspectivas, de las cuales 477 fueron inspecciones efectivas, aunque las cifras publicadas no precisan cuántas corresponden a verificar el cumplimiento de la ley silla.

Johana, cajera de una cadena de comida rápida en el Centro Histórico, señaló que desde hace tres meses no cuenta con un lugar dónde sentarse durante su jornada laboral de seis horas. Recordó que cuando ingresó al establecimiento, una de sus compañeras estaba embarazada, pero “no le daban tanto permiso de irse a sentar”, debido a la alta afluencia de clientes.

Aunque hay quienes cuentan con una silla en su trabajo, aseguraron que sus jefes les advierten: “No los quiero ver sentados”, por lo que las oportunidades de descansar son mínimas. “He notado que mis piernas se hinchan; a nivel emocional me afecta por la presión sicológica; uno sabe que viene la jefa y tiene que levantarse rapidísimo”, aseguró el recepcionista de un edificio corporativo en la avenida Juárez, el cual trabaja 12 horas diarias

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