Mientras los políticos israelíes comienzan a negociar la formación de un gobierno de coalición tras unas elecciones sin un vencedor claro, la reacción de los dirigentes de los países árabes vecinos ha sido discreta o prácticamente inexistente.

Esto puede deberse a que, por ahora, sigue sin estar claro si el nuevo gobierno de Israel mantendrá la línea habitual del actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, o si una nueva coalición encabezada por sus adversarios adoptará una postura más moderada en política interna.

Sea cual sea el desenlace, existe consenso en que difícilmente habrá cambios significativos en la política exterior de Israel hacia países vecinos como Siria, Líbano, Jordania y Egipto, ni tampoco hacia los países del Golfo. Tampoco se espera una transformación profunda en la política israelí respecto a los palestinos, una cuestión que sigue despertando fuertes emociones entre muchas poblaciones árabes de la región.

Si un nuevo gobierno fuera formado por el llamado bloque «anti-Netanyahu», encabezado por el líder opositor Gadi Eisenkot, tampoco se anticipan cambios sustanciales en política exterior.

Con información de: DW

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