Las ideas impulsivas a veces tienen consecuencias. Lo que comenzó como una supuesta revolución en la eficiencia gubernamental ha desencadenado una crisis sin precedentes en la seguridad alimentaria de Estados Unidos.
La eliminación de 6.000 puestos de trabajo en el Departamento de Agricultura en marzo, como parte de una reestructuración impulsada por Elon Musk y su polémica oficina DOGE (Departamento de Optimización Gubernamental y Eficiencia), ha generado una oleada de consecuencias que ya se dejan sentir en los puertos, los campos y los supermercados del país.
Según un informe reciente publicado por Wired, las decisiones tomadas por DOGE —una entidad creada con la promesa de modernizar el gobierno mediante prácticas empresariales de alta intensidad— han debilitado gravemente sectores clave del aparato estatal.
Entre los afectados se encuentran inspectores fitosanitarios, biólogos y entrenadores de perros rastreadores, fundamentales para la protección agrícola frente a plagas y enfermedades.
El propio Musk reveló hace semanas que su equipo trabaja 120 horas semanales, un ritmo que, si bien pretende ser ejemplo de eficiencia, ha llevado a una serie de decisiones erráticas: despidos masivos, errores de comunicación clasificada y cifras infladas de supuestos “ahorros” gubernamentales por casi 8.000 millones de dólares.
Con información de: AS
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