Afuera llovía. Adentro, miles de personas se refugiaban bajo un mismo grito: “Allison, Allison”. El Pepsi Center en la CDMX se transformó en un templo donde no solo se cantó, se agradeció por estar vivos.
Esa noche, Erik Canales no solo dio un concierto. Subió al escenario para rendir homenaje a un sueño cumplido y a los días que casi lo derrumbaron.
“Gracias, Señor, por no haberme dejado morir hace dos años”, dijo el cantante en voz alta, deteniendo todo por unos segundos. “Te pedí una última vez estar aquí y me lo estás regalando”.
La noche comenzó con una dosis de nostalgia: “Los Malaventurados No Lloran” de PXNDX y “Sognare” de División Minúscula sonaron por los altavoces mientras el público coreaba emocionado. Las bandas Pedro y el Lobo, Taller para Niños y Say Ocean se encargaron de abrir el concierto.
Pero fue a las 8:50 p.m. cuando la oscuridad se apoderó del recinto y el grito colectivo marcó el inicio. Erik Canales apareció con una guitarra roja, vestido de negro y lentes oscuros. “Me cambió” fue la primera canción, y desde ese momento quedó claro que esta noche no era cualquier noche.
Allison nació en la Ciudad de México en 2002. Erik y Manuel “Manolín” Ávila se conocieron en la prepa. Tocaron en varios proyectos que no funcionaron, hasta que decidieron unirse y formar su propia banda. Le pusieron Allison por un poema que hablaba del amor: “Allison es esa chica con la que estás, pero nunca terminas de conocer”, explicó Erik alguna vez.
Antes del disco platino, antes de las giras internacionales, hubo tardes de repartir flyers en El Chopo. Noches de tocar en foros como el Alicia, donde aprendieron a hacer segunda voz cantando encima de discos de Taller para Niños.
En palabras de Fear, bajista de la banda:“Nosotros fuimos estudiantes de la Universidad del Foro Alicia. La universidad de la calle. Del doom rock, del pop mexicano independiente”, dijo este sábado ante sus fans.
Y entonces llegó uno de los momentos más íntimos, inesperados y poderosos de la noche. Una confesión lanzada como plegaria por parte de Erick:“Gracias, Señor, discúlpame por no haber creído en ti. Siempre tenías que dejarme solo en la oscuridad para contarte esos días donde, sin poder agarrarse de nada, me tuve a mí mismo para salir adelante.
Gracias, Señor, por no dejarme morir hace dos años, porque esa plática donde te pedí que me regalaras un momento de estos una vez más me la estás obsequiando en este momento.
Gracias, Señor, por romper la óptica de mi crianza y enseñarme a ver más allá de lo obvio, por enseñarme que los triunfos están escondidos en los fracasos, que la alegría es una opción y yo decido cómo ver la vida, por más tenebrosa que parezca. Gracias por abrirme los ojos y ver en cada amigo que he enterrado un consejo de cómo vivir mi vida mejor y honrarlos de esa manera”, leyó en voz alta.
Con información de: El Universal
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