Julieta Emilia Cazzuchelli (Jujuy, 31 años) ha entrado al mundo editorial como llegó al de la música hace casi una década: arrasando y sin dudar un segundo de quién es ella. Cazzu, ese personaje-alter ego que se ha construido cuidadosamente para enfrentarse al mundo y sus dificultades, es la autora de Perreo, una revolución (Penguin Random House, 2025), un libro en el que ha tratado de responderse una pregunta que la ha perseguido durante muchos años: “¿Se puede ser feminista y reguetonera/trapera al mismo tiempo?”.
Y en la búsqueda de una respuesta ha alumbrado con lucidez una obra que va más allá de la industria musical en la que se ha forjado, y en la que ha defendido, con trabajo, disciplina y furia, su lugar. “Cuando una mujer capitaliza sus desgracias, compone un acto de justicia”, dice en las primeras páginas de su libro.
Cazzu tiene una presencia poderosa allá donde pisa. Habla del momento en el que abandonó su zona de confort, que consistió en cambiar de espacios y pasar de aquellos que dominaba, en los se sentía cómoda y tranquila diciendo las cosas que decía con un micrófono en mano, a los que ahora la confrontan con un nuevo y más amplio público.
Es conocida como “la jefa”, como su canción del 2022 con ese título. Una de las pioneras del trap en América Latina. “Se acabó el tiempo, llegué yo, ¡hagan silencio!», canta en aquel video vestida de negro con una arma en las manos.Con tranquilidad y lucidez en sus palabras, la artista explica que le tomó varios años escribir este libro y que se acercó a muchas personas de su entorno para poder dar forma al texto.
Entre las páginas de Perreo, una revolución, están conversaciones con los reguetoneros puertorriqueños Noriel y Ñengo Flow, con la dominicana Tokischa, con la brasileña Anitta o con una de las exponentes más grandes del género: Ivy Queen.
Además, Cazzu acude a los libros que la han marcado para entender esa posible “grieta” entre el feminismo y el reguetón. En sus apuntes están algunas citas del libro El síndrome de la impostora, de Elisabeth Cadoche y Anne de Montarlot; o menciones al libro Ñamérica de Martín Caparrós, o Teoría King Kong, de Virginie Despentes. También hay alusiones al antropólogo francés Maurice Godelier o al brillante cuento El empapelado amarillo, escrito por Charlotte Perkins en 1892, solo por mencionar algunos.
“El reguetón incomoda y despierta la cólera en los más conservadores, porque propone otra mujer, una perra desinhibida que controla su cuerpo, sus decisiones y su sexualidad, que con su actitud ridiculiza cualquier opinión ofensiva en su contra. Dentro de las canciones, la mujer reguetonera es dueña de sí misma, y lo más sorprendente, aunque un poco triste, es que no hay responsables de esta hazaña, no hay héroes ni salvadores a quienes darles las gracias, porque todo sucedió sin querer”, cuenta Cazzu en uno de los capítulos del libro.
Así va tejiendo sus respuestas. Ideas a las que ha llegado tras analizar las razones por las que históricamente a las mujeres se les cuestiona más, por ejemplo, el hacer canciones sobre sexo explícito y experiencias del “maleanteo”, ese estilo de vida peligrosa, que en la voz de un varón son percibidas como hazañas por haber salido vivos de ellas. Mientras que a las mujeres se les pregunta por la veracidad de sus relatos y se les discute ese lugar como narradoras de un mundo que parece estar reservado solo para ellos.
Con información de: El País
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