Altos mandos de la FIFA y la UEFA están “muy preocupados” por las posibles repercusiones en la Copa Mundial y en el futbol en general debido al interés de Estados Unidos por controlar Groenlandia, de acuerdo con diversas fuentes, mientras las federaciones intentan sortear una crisis diplomática.
No hubo reuniones oficiales ni declaraciones públicas. Todo el mundo mira al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y se pregunta qué estará pensando exactamente. Es una consecuencia de que la federación esté orientada en torno a una figura central; en cierto modo, eso significa que puede no tener la gobernanza adecuada para hacer frente a la agitación de Trump. Si parece absurdo que todo esto sea responsabilidad de un solo hombre, es que así es como se diseñó el sistema. La FIFA no es el foro adecuado para un debate constructivo.
Obviamente, esto va mucho más allá de cualquier vergüenza por el Premio de la Paz de la FIFA, incluso cuando éste adquirió un nuevo y absurdo simbolismo con la publicación de Donald Trump sobre su “competidora” en el Nobel. Pero lo más relevante es que convierte a Infantino en el protagonista de una historia que podría colapsar este Mundial. Si eso suena ridículo, basta con mirar los titulares.
En casos normales, después de todo, una federación más apolítica podría considerarse víctima de los acontecimientos geopolíticos.
Sin embargo, el cortejo abierto de Infantino a Trump lo convierte en un personaje mucho más central en el drama. “Simplemente tie-ne que estar preocupado por lo que viene después”, en palabras de una fuente que lo conoce.
Con información de: La Jornada
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