El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha admitido este jueves que la “asfixia económica de la principal potencia del mundo” pasa factura a la ya grave situación de la isla, por lo que anunció la implementación la próxima semana de un un plan “multisectorial de contingencia” ―recortes― inspirado en los que se aplicaron durante el llamado Período Especial para enfrentar la escasez de combustible, que genera constantes apagones y mantiene casi paralizada la economía cubana.
“La persecución energética, la persecución financiera, el recrudecimiento de las medidas coercitivas es tal que sabemos que tenemos que hacer un trabajo muy fuerte, muy creativo, muy inteligente para sortear todos esos obstáculos”, afirmó el mandatario.
Díaz-Canel informó sobre las nuevas medidas durante una conferencia de prensa ante medios de prensa nacionales e internacionales para abordar la crítica situación en Cuba, agravada por las presiones de Washington que “afectan el transporte público, los hospitales, las escuelas, la economía y el turismo”, enumeró el presidente. “¿Cómo cultivamos nuestra tierra? ¿Cómo nos desplazamos? ¿Cómo mantenemos a nuestros hijos en clase sin combustible? Vamos a tomar medidas que, si bien no son permanentes, requerirán esfuerzo. ¿Qué más podemos hacer? ¿Vamos a rendirnos? Hay tanto que defender», advirtió.
El mandatario, quien es además el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista, dijo que desde este jueves se ha reunido el Consejo de Ministros para complementar las nuevas directivas “para enfrentar el desabastecimiento agudo de combustible”. Afirmó que anunciará estas medidas en los próximos días, pero aclaró que se trata de ajustes similares a los que el Gobierno impuso durante el llamado Periodo Especial, cuando Fidel Castro diseñó ajustes dolorosos y también decisiones de apertura tras la caída de la Unión Soviética y el endurecimiento del embargo estadounidense.
Castro impulsó durante ese período iniciado en 1991 un giro económico pragmático y forzado para evitar el colapso total del país. El Gobierno abrió sectores hasta entonces vedados al mercado: legalizó la tenencia del dólar, promovió el turismo internacional como principal fuente de divisas, autorizó la inversión extranjera —especialmente en hoteles y energía— y permitió formas limitadas de trabajo por cuenta propia. También descentralizó parcialmente la agricultura con la entrega de tierras en usufructo y apostó por una reconversión hacia la autosuficiencia alimentaria y energética, marcada por el ahorro extremo y la improvisación cotidiana.
Con información de: El País
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