La reinauguración del Estadio Azteca reunió a miles de aficionados, pero también a quienes no iban al partido.

En las inmediaciones del estadio, decenas de madres buscadoras colocaron fichas de desaparecidos sobre rejas y muros, mientras que animalistas exigían el regreso de los perros del Refugio Franciscano al albergue de Cuajimalpa y, a unos kilómetros, colectivos contra la gentrificación bloqueaban Periférico Sur con una “mega reta”.

Al mismo tiempo, entre playeras verdes, cervezas y cantos, miles de personas avanzaban por Calzada de Tlalpan hacia el estadio para presenciar el México contra Portugal.

Ambas jornadas se vivían en paralelo. Una fiesta y voces de protesta.

Mientras algunas familias se detenían a tomarse fotos en los accesos, madres buscadoras sostenían fichas con los rostros de sus familiares y exigían su aparición con vida.

Después, las fichas adornaron las rejas y muros del coloso, que desde mediodía recibía a un mar de gente vestida de verde que observaba, con cierto desinterés, a las madres que clamaban justicia.

Horas después, comenzó una guerra de megáfonos. De un lado, trabajadores del gobierno daban la bienvenida a los asistentes. Del otro, jóvenes respondían con consignas como “ustedes también son pueblo” y “¿qué celebra un país que siembra cuerpos?”.

Más temprano, en Periférico Sur, activistas contra la gentrificación bloquearon ambos sentidos de la vialidad y convirtieron los carriles centrales en una cancha improvisada frente a la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Durante cerca de una hora jugaron futbol mientras la circulación permanecía detenida.

En el exterior del estadio, otro grupo exigía el regreso de perros retirados del Refugio Franciscano.

Con información de: La Jornada

Te puede gustar

Información importante

+ There are no comments

Add yours