El Departamento de Estado de Estados Unidos negó esta semana que la empresa de Florida Vanguard Energy haya recibido autorización para exportar gasolina y diésel a Cuba, echando por tierra la esperanza de que la isla fuera a recibir unos 250.000 barriles de combustible para aliviar la durísima situación que atraviesa por la escasez de energía, y que se agrava día a día.

La decisión de Washington es una nueva prueba de que las tensiones entre los dos países no han dado tregua desde enero, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, puso en marcha una serie de medidas de presión que han empeorado la muy seria crisis económica que ya arrastraba la isla. Un escenario que muchos se preguntan si cambiará cuando empiecen a materializarse las reformas económicas anunciadas el viernes por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

El 29 de enero, Trump firmó un decreto para imponer sanciones y aranceles a los países que suministren combustible a Cuba, en lo que representa un embargo energético de hecho. Desde entonces, ha aplicado sanciones a toda una gama de entidades y personas relacionadas con el régimen, incluido el conglomerado militar-empresarial Gaesa, que administra el 40% de los sectores productivos.

La perspectiva de quedar en el punto de mira estadounidense a raíz de esas sanciones ha causado una desbandada de empresas extranjeras en el sector turístico, la columna vertebral de la economía. Completar transacciones electrónicas o con tarjeta de crédito en la isla también se ha convertido en un problema.

En ese contexto de emergencia, los cubanos se mantienen en vilo: ¿será el paquete de reformas económicas anunciado el viernes por Díaz-Canel un elemento para facilitar las negociaciones con Trump o, por el contrario, es solo una válvula de oxígeno con el que el régimen cubano busca apenas ganar tiempo? En un encuentro con periodistas, Díaz-Canel anunció una veintena de decisiones para ampliar la participación del sector privado, aligerar las trabas de la burocracia y ofrecer cierto grado de autonomía a las empresas del Estado.

“Han dejado una puertecita abierta“, explica Pavel Vidal, doctor en Economía por la Universidad de La Habana, hoy impartiendo clases en Colombia. Refiere que sus colegas académicos que aún viven en La Habana han recibido los anuncios con cautela, aunque perciben cierto nivel de apertura que no han visto antes en la dogmática cúpula socialista de la isla.

Con información de: El País

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