El presidente colombiano, Gustavo Petro, concluirá este viernes 7 de agosto su mandato de cuatro años en medio de escándalos de c0rrupción que involucran a jóvenes funcionarias de tercer nivel muy cercanas a él y que acabaron por empañar en los últimos días de su gobierno sus buenos resultados en materia social y de inclusión política.
El primer gobernante de izquierda en la historia de Colombia mostró con frecuencia su impericia para la gestión pública y un estilo personal de gobernar muy desprolijo –eran frecuentes sus impuntualidades o ausencias de actos públicos, en medio de rumores de excesos que él mismo desmintió varias veces–, pero nadie discute la poderosa dimensión de su liderazgo social en un país con un sistema político tradicionalmente excluyente y conservador.
Con ese liderazgo, y con una fogosa retórica que instaba más a soñar con un mejor futuro que a solucionar los problemas concretos del presente, Petro hizo ver a los colombianos un país que muchos se negaban a ver: el de los pobres, el de la ruralidad profunda, el de los poblados remotos atrapados en las dinámicas violentas del conflicto armado y de las economías criminales.
Como dice el sociólogo Hernán Gómez Buendía, “una Colombia, la de los nadies, se sintió reconocida, y eso tiene una enorme importancia simbólica”. Los nadies, los ignorados históricamente por las elites, son los indígenas, los afrocolombianos, los jornaleros sin tierra.
Esos grupos, afirma el académico, “por primera vez se asomaron al poder”.
El gobierno de Petro, que inició el 7 de agosto de 2022, entregó 2.5 millones de hectáreas de tierra a campesinos pobres, una cifra que supera a la de todos los anteriores mandatarios, y redujo en 8.6 puntos porcentuales el índice de pobreza, lo que significa que sacó de esa condición a 3.8 millones de colombianos.
Además, a diferencia de los gobiernos que lo precedieron, el de Petro desarrolló una política salarial progresiva y a contrapelo del dogma neoliberal que hizo aumentar el salario mínimo de los colombianos en 59.4% en los últimos cuatro años en términos reales, ya descontada la inflación.
El entrante presidente, el populista de extrema derecha Abelardo de la Espriella, se queja de que recibirá un país con una situación financiera insostenible por el alto déficit. En realidad, durante el gobierno de Petro el déficit fiscal aumentó en un punto porcentual y llegó a 6.4% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2025.
El endeudamiento, sin embargo, se mantuvo en los mismos niveles y hoy equivale al 58% del PIB.
El desempleo, por su parte, está en 8.9%, su mínimo histórico.
Todo esto sería imposible si se hubieran cumplido los vaticinios catastrofistas de la derecha y de los medios tradicionales colombianos, que hablaron de la instauración de un régimen “castrochavista” cuando Petro llegó hace cuatro años al poder, en reemplazo del mandatario de extrema derecha, Iván Duque, el presidente más impopular de la historia de Colombia.
Petro protagonizó varias confrontaciones verbales –a menudo innecesarias– con las elites empresariales y políticas colombianas, pero nunca tocó el modelo económico de mercado que heredó de sus antecesores. Las grandes compañías, incluso, lograron utilidades sin precedentes, pero sus propietarios nunca vieron con buenos ojos al presidente izquierdista.
Con información de: Proceso
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