Donald Trump enfrenta este viernes un momento incómodo para su presidencia, cuando la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán cumple seis meses, un hito significativo en un conflicto que el mandatario republicano aseguró repetidamente a los estadunidenses que sería una «pequeña excursión» que duraría unas semanas.
La guerra no ha terminado, aunque Trump sostiene que, mediante las bombas y un bloqueo, ya ha devastado al gobierno, al ejército y la economía iraní.
Esta semana, su gobierno sostuvo que centrará su atención en aumentar la presión económica —en lugar de la acción militar— para intentar acabar con Irán. El cambio de estrategia se centra en las amenazas de castigar a cualquier país o entidad que siga haciendo negocios con Teherán.
El giro hacia el uso de sanciones como arma preferida se produce cuando Estados Unidos evalúa la disminución de las reservas de municiones tras meses de guerra, lo que despierta la preocupación porque un conflicto prolongado pueda socavar la preparación militar estadunidense en otras partes del mundo.
A medida que el conflicto se prolonga, también parece desvanecerse el discurso de Trump sobre encontrar un final rápido a la guerra. Esta semana subrayó que “no tiene prisa” por sentar a Irán de nuevo a la mesa de negociaciones, y sigue sosteniendo que el liderazgo de la República Islámica está contra las cuerdas.
“No les están pagando a sus tropas. Están en serios problemas. Tienen muy poca capacidad”, declaró Trump a reporteros el jueves. “No queremos hablar con ellos. No buscamos reunirnos ni nada”.
No está claro cómo —o si— Trump abordará el sexto mes de un conflicto que ya le ha costado a Estados Unidos más de 37 mil 500 millones de dólares y ha dañado su popularidad de cara a las cruciales elecciones de noviembre para su partido. El presidente pasará este día en Houston, donde rendirá homenaje a la tripulación del Artemis II de la NASA por su misión de 10 días alrededor de la Luna a principios de año.
Con información de: Proceso
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