Aquella imagen en 2019 de Antonio Mohamed sentado en el banco de suplentes, con un rosario entre las manos y los ojos llenos de lágrimas tras salir campeón con el Monterrey, quizá sea la mejor manera de explicar quién es realmente el Turco.

Detrás de esa armadura que proyecta seriedad, reserva y hasta cierta distancia, existe un hombre profundamente emocional. Pocos conocen ese lado humano, sencillo y sensible. Lo que todos conocen, en cambio, es su ADN: Ganar. Ganar Ganar.

“Quiero ganar todo lo que se pueda. No nos podemos relajar en los laureles, hay que seguir compitiendo. Estoy muy feliz y totalmente comprometido con hacer un gran torneo en México y en la Intercontinental”, dijo Mohamed después de conquistar un nuevo título, el número 11 de su carrera como entrenador en el futbol mexicano.

Pero, ¿por qué Mohamed suele transformar a los equipos casi de inmediato? Convertirlos en proyectos ganadores, distintos y especiales.

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Hay algo que no aparece en una estadística: su ojo clínico para detectar futbolistas y, sobre todo, para entenderlos. El Turco tiene una capacidad especial para leer al jugador. Identifica qué necesita, qué le falta, qué lo motiva y hasta dónde puede llevarlo. En el uno a uno es un entrenador profundamente humano. Conoce las virtudes y las carencias de cada futbolista y encuentra la manera de exprimir hasta la última gota de su talento.

Para mí es el mejor en la historia de la liga mexicana”, señala Alexis Vega, quien en su etapa con las Chivas, había perdido las ganas de jugar al futbol.

Con información de: Excelsior

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