El embajador argentino en Brasil, Guillermo Daniel Raimondi, regresará a la Argentina este fin de semana luego de que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ordene su retiro y rebaje el nivel de su representación diplomática en Buenos Aires a la figura de encargado de Negocios. Así lo confirmaron a Infobae fuentes diplomáticas. En tanto, la crisis bilateral entre las dos principales economías de la región encendió las alarmas en el Mercosur: “Esto no ayuda a nadie”, sostuvo el canciller de Uruguay, Mario Lubetkin.

La posición del gobierno argentino la expuso el canciller Pablo Quirno ayer, en diversas entrevistas periodísticas. En diálogo con Infobae a las 9, lamentó que Brasil haya pedido el retiro del embajador argentino, aunque sostuvo que la Argentina no entrará “en esa pelea ni a romper relaciones” con el gobierno de Lula.

El detonante del conflicto fue la participación de Milei en un acto político en San Pablo, donde respaldó la candidatura presidencial del opositor Flávio Bolsonaro de cara a las elecciones de octubre. Allí se manifestó muy crítico contra Lula, a quien calificó de “ladrón”, “presidiario” y “totalitario”. El Palacio do Planalto había advertido sobre el riesgo de que el mandatario argentino cruzara la “línea roja” de los ataques personales, algo que finalmente ocurrió.

Para Ignacio Bartesaghi, director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), la crisis no puede desvincularse de la dinámica electoral que atraviesan ambos países. “Los dos han tenido intervenciones directas en los asuntos internos de la política de los países. La verdad es que se han equivocado los dos y los dos están priorizando quizás su perfil propio, pero también sus propias campañas electorales”, sostuvo a Infobae. Señaló, además, que ese tipo de condicionamiento interno “sesga” la política exterior y arrastra a países enteros a conflictos que no responden a sus intereses reales.

Más allá del plano simbólico, Bartesaghi sostuvo que “tiene que haber un límite” en la escalada de la tensión diplomática, porque “estás arrastrando a un país entero y estás generando una señal al exterior, un exterior que necesita estabilidad, que se cumplan las normas, que haya protección de las inversiones en la región. ¿Qué garantías damos si tenemos este nivel de retórica, este nivel de insultos entre los presidentes? No es el camino nunca».

Y amplió: “En diplomacia hay que saber darle la mano al que piensa distinto. Lula ha demostrado que no está dispuesto a hacer eso cuando, por ejemplo, no fue a la Cumbre de Asunción a firmar el tratado de Mercosur con la Unión Europea. Tiene un comportamiento muy similar a Milei respecto al tema de su reacción personal versus lo institucional, porque priorizó su enojo y le quitó la foto histórica al Mercosur. Entonces, hay cierto infantilismo y mal manejo institucional de una nueva forma de hacer política. Ese nunca es el camino, mucho más cuando debemos tener estrategia y resolver los problemas con la distribución de las cuotas de Mercosur y Unión Europea o cómo nos posicionamos en la agenda global”.

Con información de: Infobae

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